Reflexión sobre el punto 2: ¨el amor por la Virgen Madre del Verbo Encarnado¨
En el nombre de Dios, quien permite todas estas cosas buenas para nuestro propio beneficio:
El tema escogido para esta oportunidad es el 2, tal y como se enuncia en el título de la presente reflexión y para ello me valdré en calidad de referencia sobre el trabajo de fray Antonio Royo Marín OP y algunos teólogos anglicanos clásicos, cubriendo con ello una referencia católica romana y una propiamente anglicana.
Entre la latría propia a Dios Todopoderoso y la veneración a la Bendita Virgen María y aquella a los demás santos del Señor.
Ante todo, debemos señalar o delimitar qué es y a quién se dirige el culto de latría: únicamente hacia Dios Todopoderoso, aquella Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), de quien procede nuestra creación, sustentación y mediante quien viene la gracia y todos los frutos que la misma nos impulsa a actuar en favor propio y para los demás.
Prefiero dejarle al lector la siguiente definición que hiciera el padre Louis Bouyer CO:
¨La latría es el culto de adoración que se tributa exclusivamente a Dios, en reconocimiento de su supremacía y divinidad, y se distingue del culto de dulía, que corresponde a los santos.¨ (Bouyer, L. (1973). Diccionario de teología. Herder.)
Entretanto que la definición de dulía o, para nuestros efectos, hiperdulía es cuanto sigue, según Santo Tomás de Aquino en su magnum opus:
¨En consecuencia, por ser la Santísima Virgen una pura criatura racional, no le es debida la adoración de latría, sino sólo la veneración de dulía; de forma más eminente, sin embargo, que a las demás criaturas, porque ella es la Madre de Dios. Y por eso se dice que se le debe no cualquier dulía, sino la hiperdulía.¨ (Tomás de Aquino. (2001). Suma de teología (3.ª ed., Vol. 4). Biblioteca de Autores Cristianos.)
Aquí partimos de dos premisas importantes: un Ser Supremo, omnisciente y Todopoderoso como lo es Dios, recibe un culto de adoración exclusivo, cosa que no es propia de ninguna criatura, en cuanto es temporal, creada y sujeta a la muerte natural, en ello se encuentra la Virgen Madre del Verbo, María de Nazaret.
(Royo Marín, 1995, pp. 14–16), nos indica con profundidad estos dos niveles, haciendo la diferencia entre adoración (a Dios) y veneración a los santos, advirtiendo que cualquier desvío del culto da lugar a un gravísimo pecado de idolatría, perversión debidamente condenada por la iglesia.
Una aproximación anglicana a este punto de vista:
Viéndolo desde una óptica anglicana clásica, tenemos al insigne obispo Jeremy Taylor (1613-1667), quien, en su obra ¨The Golden Grove (1655)¨, define a la Madre del Verbo así:
“Ella recibió el honor de ser Madre del Hijo de Dios y permanecer siempre Virgen, y todas las generaciones la llamarán bienaventurada.”.
A mayor abundamiento, cito también a San Lancelot Andrewes (1555-1626):
«La santísima, inmaculada y más que bienaventurada María, Madre de Dios y siempre Virgen». (Andrewes, L. (1903). The Preces Privatae of Lancelot Andrewes, Bishop of Winchester (F. E. Brightman, Ed. & Trans.). Methuen.)
En todas estas citas vemos algo interesante: el respeto y devoción hacia quien llevó a Dios Hijo y dio luz a quien ilumina a todo ser humano que cree en Él, siendo esta una de las devociones que deben guiar nuestra conducta, espiritualidad y disciplina religiosa cristiana como dominicos, por cuanto nuestro padre fundador, Santo Domingo de Guzmán, se dice recibió el rosario de las mismas manos de la Virgen María.
En la obra a la cual ya hemos hecho referencia, fray Antonio nos recuerda de que el fin último de la verdadera devoción a María, debe ser Cristo, por un tema filosófico de causa final, lo que es importante en el estudio de la teleología, es decir, aquella disciplina que estudia el propósito de las cosas en la naturaleza.
Por otro lado, sigue el autor debatiendo finalmente por una causa de orden teológico: siendo que la Bienaventurada Virgen no es el fin de la vida cristiana, antes bien, es el medio por el cual Jesús, el Cristo Hijo de Dios entró al mundo con el fin de redimir a ese mundo y a sus habitantes temporales del pecado, la muerte y el infierno.
Elementos que debe tener una verdadera devoción a la Virgen Madre del Verbo:
Continúa fray Royo Marín, que nuestra devoción debe ser desde el amor, la veneración, la gratitud, la invocación y la imitación de sus excelsas virtudes, a saber:
- Su obediencia
- su amor a Dios
- su entrega total a su voluntad
- su ejemplo de madre abnegada y acompañante hasta el final
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