Mi despertar dominico
En el nombre de Dios, quien permite todas las cosas para nuestro crecimiento y nos conforta con su gracia.
Me permito diferenciar dos momentos clave en el transcurso de mi vida como fraile dominico anglicano: mi entrada a la formación de esta orden como postulante y aquello que ha pasado entre medio de todo esto y que (siento) confirma este llamado tan especial que ha hecho Dios conmigo:
1. en los inicios de la postulancia, habiéndosele compartido al suscrito el texto del padre Kevin Goodrich OP, observando, palabras más o menos por delante, el compromiso mayor que esta orden tiene con la predicación, la enseñanza y la búsqueda de la verdad.
Leído lo anterior, primero como una pincelada general y luego con mayor detenimiento, descubrí la necesidad que tienen las distintas provincias y diócesis de esta Comunión Anglicana de contar con grupos organizados más allá de una diócesis y cómo Santo Domingo verdaderamente fue un predicador incansable, itinerante y sobre aquella cuestión que relatase fray Jordán de Sajonia sobre su actividad predicadora durante el día y así también su oración y lágrimas durante la noche.
Esto se extendió una vez compartido el libro ¨Espiritualidad de Santo Domingo, fundador de la Orden de Predicadores¨, de fray Julián de Cos OP, quien hace un análisis quirúrgico, clínico pudiéramos decir, tanto de la historia y los periplos de la OP, así como una relación (a veces general y otras muy específica) de nuestro padre fundador y de aquellos que lo siguieron y de quienes conocemos el temperamento de dicho santo por los escritos sobre él, la devoción a la Bendita Virgen María, el rosario y el hábito.
Este fue un primer acercamiento que fue disipando algunas vacilaciones que mantenía y que consideraba pudiera no ajustarse a mi actitud personal, las cuales no obstante, confirmé que no eran tales más allá de un simple ajuste a la disciplina de la oración, el estudio y la contemplación como ruedas de ese empuje o finalidad llamada predicación, la cual ya sabemos, es diversa y puede manifestarse en adición a lo que se diga desde un púlpito durante el sacrificio eucarístico.
El encuentro con mi comunidad, dirigido por el entonces prior y la Maestra, abrieron mis ojos a la práctica y, una vez prometida la perseverancia ante esta última y delante del pueblo cristiano aquel domingo 13 de octubre de 2024 en Bogotá, Colombia, fue una primera seguridad de que esto era para mí y que valía la pena seguir adelante con esta encomienda.
2. Manifiesto igualmente que el día en que tomé hábito en la Iglesia ¨La Presentación del Señor¨ en Puerto Rico un 14 de junio de 2025, recitando y reflexionando sobre las palabras de mis votos como novicio de esta Orden, fue otra apertura de ojos, al ver el segundo paso en donde mi comunidad por conducto de sus líderes y ante la Maestra confirmaban (así fuese provisionalmente este llamado, sentí tal cual y como aconteció en Bogotá, que este modo de vida es el que Dios ideó para mí, que impulsó y que, por su gracia sobreabundante, llevará a feliz término.
Habiendo entonces experimentado la vida de oración, contemplación, comunidad y habiendo predicado por los medios que están a mi disposición, manifiesto que, hasta el momento, estos han sido los puntos en donde he confirmado que Dios me ha llamado a vivir según la regla de San Agustín en la que Santo Domingo se inspiró y cuya vida deseo imitar, manteniéndome firme en Dios Todopoderoso y venerando a la BV María y Santo Domingo, es lo que puedo comunicar a la fecha y que, repito, espero en Dios que se manifieste posteriormente en la confirmación comunitaria que dará paso a un compromiso para toda la vida.
Cristo, ¡ten piedad y sálvanos por tu gran misericordia!
Santo Domingo de Guzmán, ¡ruega por nosotros!
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